CON DISFRAZ

Te dije que no quería usar este disfraz. No sé por qué terminé haciéndote caso. No me gusta que me vean así las mujeres, después van a chusmear hasta en el almacén- le reprochaba a su hermano menor que tenía unas calzas celestes debajo de un short rojo. El otro pensaba – Tal vez, Batman y Robin no fue la mejor elección para este año. Habían revuelto todo en la casa de su madre para encontrar algo que se pareciera a los trajes originales, el resultado fue bastante llamativo. - Igual, ¿quién va a saber que no son los colores originales si la tele es en blanco y negro…Eso sí, queda horrible esta combinación de colores. Pero ¡es lo que hay valor! Martín caminaba más rápido, emocionado con el disfraz que tenía; pero a su hermano Juan, le parecía un mamarracho. Caminaba lento, como para no llegar, negando con la cabeza, y con los ojos clavados en el pedregullo que lo distraía y salvaba de imaginar la vergüenza que estaba a punto de pasar. Ya veían las luces en el medio de la calle, se podía escuchar la música entrecortada y alternada con una voz – uno, dossssss, unodossss…probando, hoool uno dosssss. Era el Chicho que revisaba todo, siempre, hasta cuando ya había empezado la cosa. Cada paso que daba Juan, volvía más nítido todo y más clara la idea de que se iban a reír de él. ¿En qué momento se dejó convencer por su hermano? Sabía muy bien que cada año se mandaba alguna y era el comentario por dos o tres días. ¡¿Cómo no le dijo que no?! Se cruzaron con dos mascaritos que en el apuro, no se detuvieron a pensar quiénes serían los disfrazados. Alcanzó para el saludo con la mano. Pero no pasó lo mismo con las cuatro mujeres que venían detrás de ellos. No supo bien de qué casa salieron, pero ahí venían. Cuchicheaban. Una pregunta en voz alta a las demás-¿Quién será el que viene debajo de ese pantaloncito ajustado y esa capa negra?- otra, entre carcajadas, le contesta- Dejame pensar, creo que es Juan, el mecánico. Por la forma de andar –y tapándose la boca- y por el bulto, inconfundible.- La empujan las otras. –Callate ladina. ¡Cómo vas a decir semejante disparate! – Ay, perdoname, vos que sos tan santa. Seguro no te fijaste en lo mismo. Si eso va todo ajustado. Salta a la vista. Por algo viene así. Está pa´ ver. Juan miró a Martín con desagrado y confusión. No sabía si sentirse agredido o halagado. – Te dije que no estaba bien. Mirá esas que vienen atrás arrancándome el cuero. El lunes con qué cara voy al taller. Se me van a reír todos en la cara. Esta sí que es la última. ¿Me entendiste? No me agarrás más pa´estas guarangadas. Cuando llegaron, Juan se refugió en el bar dándole la espalda al mundo de ojos, luces y voces. Pidió una cerveza. –Juan, me dicen acá que esta, está frapé frapé. Saliste favorecido. ¡Ya sé que sos Juan! Siempre te acomodás igual en el mostrador. Jajaja. Además, ya se corrió la bola de que venías vestido así. Las mujeres están enloquecidas del regalito para los ojos. Jajajaja. El falso Batman se encogió de hombros hasta quedar como un manchón negro, avergonzado. Pero el manchón no sabía cómo desaparecer sin que nadie se diera cuenta. Dejó la botella de cerveza que había terminado. Pidió otra y se fue a la calle. Sentado en el cantero que estaba frente a la iglesia, siguió tomando lentamente la cerveza. Levantó la cabeza cuando vio a la muchacha cruzar corriendo. Ella ni notó su presencia porque estaba como escondido en el arbusto. El falso Batman notó que lloraba con rabia, estaba angustiada. Observó cómo se descalzaba sin parar de llorar y siguió mirándola hasta que desapareció en la oscuridad. – ¡Otra más que no está conforme con su disfraz! Una gurisita disfrazada de mujer. Así es la vida m´hija; es lo que hacemos con lo que nos toca-. Y terminó la cerveza despacito.

AUTOR: De Calas y Kaleidos



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