Consonantes

–Ella usaba consonantes peligrosas. Si me pregunta, fue lo primero que llamó mi atención. En realidad las consonantes no encerraban un peligro en sí mismas. Era ella, su forma de pronunciarlas de esa manera especial, casi prodigiosa, transformando las inofensivas letras en ineludibles sensaciones. Su voz suave llegó hasta mí desafiando el bullicio y comenzó a habitarme.


No eran frases ni palabras enteras, no, eran las consonantes las que comenzaron a reptar por mi oído y luego a enroscarse de a poco en todos mis sentidos como un aroma de verano, indefinible, espeso y embriagante. No todas, es cierto. Pero la “ese” insinuante que se desperezaba como un gato, la” eme” mimosa y especialmente la “erre” ronroneante, fueron mi perdición. Recuerdo el momento preciso en que dejé de escuchar a Julio, giré la cabeza y la vi parada de espaldas junto al Sr. Roldán. Imaginé su boca sonriendo, desplazándose levemente hacia la izquierda y los dientes pequeños asomando tímidamente bajo los labios carnosos. Cerré los ojos y dejé que el sonido de las consonantes me acariciara. Había bebido un poco, lo confieso y hacía calor. Mi amigo no paraba de contarme detalles interminables de su último viaje y la voz de esa mujer logró rescatarme del aburrimiento. Cuando Julio paró de hablar, para servirse un bocadito agridulce que le ofreció el mozo, me escabullí para acercarme a ella con la excusa de saludar a Laura, una antigua colega. Mientras me acercaba solo podía escuchar el sonido de las consonantes invisibles y traviesas, danzando en el aire de la sala, sembrándola de aromas, eludiendo las palabras repetidas y vacías, las grotescas carcajadas y los disimulados bostezos. Saludé a Laura y a su esposo intentando disimular mi excitación. Yo quería seguir escuchándola, era en cierta forma adictiva. Estaba a unos centímetros y su voz… su voz tenía el sabor de la miel. El Sr. Roldán movía la cabeza, extasiado, mientras ella le hablaba. Un hombre afortunado sin dudas. Eso es todo lo que puedo decirle.

–Pero, no me ha entendido. Yo le pregunté cómo era ella. Porque al parecer nadie más noto su presencia en la reunión. ¿Cómo era su cabello? ¿Su rostro? ¿Era alta o de baja estatura? ¿Gorda o delgada? Algo que nos pueda servir para encontrarla. Algo que nos pueda ayudar a resolver este misterio ¡Señor estamos frente a un crimen!


El Sr. Roldán fue asesinado.

–La verdad no sabría decirle. No vi su rostro, no reparé en su cabello, en su cuerpo, ni siquiera en su vestido… si la escuchara hablar me entendería…entendería que el misterio está en las consonantes.


Autor: Graciela Estévez Rivero



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