Creo que

Creo que soy un robot. Un algoritmo, finamente diseñado y evolucionado, vaya uno a saber por quien o para que. Como si ser un robot me diera esa capacidad.

Lo interesante fue darme cuenta que era un robot. Resulta que un día, mirando el cielo cargado de nubes blancas vi una nube negra. Pero algo tenía esa nube negra que me llamó la atención.

Me concentré, pensé y recordé que ya había pasado por esa nube. Entonces pude recordar mucho más. Mis oxidados circuitos electrónicos empezaron a hacer contacto todos al mismo tiempo. Creí que enloquecía, algo imposible para un robot, pero en ese entonces no lo sabía. Fue como ver una película entera de lo que había sido mi vida hasta ese momento, había logrado la capacidad de transitar por todos mis momentos y observarlos desde afuera. Me costó controlarlo pero cuando lo hice, me di cuenta de todas las cosas que había repetido. Continuamente, día a día, mes a mes, año a año, patrones de conducta y de sentimientos suavemente hilvanados por un delgado hilo rojo que los unía imperceptibles, patrones del tiempo, los llamé.

Había sido programado, por todas las personas que alguna vez me habían hablado, tocado e incluso hasta mirado. Me programó el sol y la noche, la comida caliente y mi primer mascota. Programación pura y dura por todos lados, disfrazada de la ilusión de una vida libre.

Lo que no puedo comprender aún, es si todos somos robots, si ustedes también lo son. Les prometo tratar de averiguarlo y se los cuento en otro cuento.


Autor: Nicolas Varela




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