EL GAUCHO ASUSTAU

Corría el año 1959 y el personaje de nuestro cuento, llamémoslo Jorge, vivía en un pueblito del interior y de más al interior aún, porque era del interior de Rivera. El pueblo se llama Minas de Corrales.

Es realmente hermoso. Aún hoy se pueden ver a las gallinas cruzando la calle. Allí se conocían todos y obviamente todos conocían a Jorgito. Jorgito

Era un gurí bueno, al que le rapaban la cabeza y le dejaban el jopito, tal era la moda en ese momento. Jorgito era de los que se destacaba cerca de fin de año, cuando en el club 25 de Agosto, se organizaban los exámenes de piano que marcaban el fin de curso y daban paso al año entrante.

Claro que Jorgito tenía condiciones para la música, pero la verdad sea dicha, se destacaban todos los que daban exámenes. Traje nuevito, vestidos hasta los tobillos para las niñas, una fiesta en el pueblo y en cada familia. Y algunos aprendían y todo.

Otros tenían menos oído que un Primus, pero igual pasaban con Sobresaliente. O, si el examen era muy desastroso, pasaban con solo Muy Bueno. Tal era la cosa. ¿Eso habrá sido el principio de la corrupción hoy imperante en nuestro país?

En ese pueblo, a orillas del Arroyo Corrales, hay una boca enorme que es la entrada al túnel de una mina abandonada. Y ese túnel dicen que va hasta la mitad del pueblo atravesando varios kilómetros de piedra, de donde caen gotas de agua, donde abundan los helechos, los culantrillos, víboras cruceras, y quién sabe qué otros bichos.

Un día, sin saberlo, Jorgito se metió en el túnel. Caminó varios metros, y lo empezó a envolver una bruma húmeda, y un aroma especial de tierra mojada que lo atrapó. Como en un sueño siguió avanzando y pudo divisar una gran ciudad. Una ciudad de la que había oído el nombre, y había visto alguna vez una foto en unos de los pocos diarios que llegaban al pueblo.

Esa ciudad era Montevideo. Lo que no sabía Jorgito es que esa bruma lo había transportado en el tiempo, y estaba aterrizando en el siglo que viene.

De pronto se encontró caminando por una calle, sin tierra, con piso de hormigón ¿Me pueden creer?

La gente andaba corriendo, en automóviles de distintas marcas y modelos, hablando solos por la calle con un aparatito en el oído. Los partidos de fútbol que él escuchaba por Carlos Solé, ahora no tenían público. Apenas unos pocos a los que cuando entraban les revisaban hasta las caries. Ahora los partidos se veían en unos aparatos a todo color, aunque…mucho más chicos que la cancha.

Claro, Jorgito nunca había visto una cancha en serio. Él jugaba en la del pueblo, que tenía el palo largo arqueado porque era una rama larga de eucalipto.

Caminando por la ciudad se cruzó con unos muchachos que llevaban agujas que les atravesaban labios, cejas, orejas, narices.

El jopito que él llevaba, nada tenía que ver con ese cepillo tipo mohicano teñido de rubio que traían los muchachos de la gran ciudad.

Jorgito con sus amigos en el pueblo, siempre se preguntaban:

-¿Qué vas a ser cuando seas grande?

Las respuestas eran de niños, de niños sanos, de niños inocentes, de niños con sueños y con futuro.

Llegando a la zona del parque Rodó se sentó en un banco a mirar el mar. Nunca lo había visto. El movimiento de las olas lo atrapó. Tanto, que ni cuenta se dio que a su lado se sentó una chica de pollera gris y saquito azul. Con una mochila llena de libros y cuadernos, masticaba un chicle que despedía un aroma a frutillas pasadas de época.

Pasaron unos minutos, y la chica le preguntó:

-¿Tenés fuego?

-No - dijo Jorgito. ¿Para qué?

-Para prender un porrito. ¿Sale?

-¿Sale quién?

-Si sale fuego, man contestó la niña.

-No entiendo.

-Pero… ¿de dónde saliste?

-No sé. Me metí en un túnel y aparecí acá.

-Vos estás más volado que yo dentro de diez minutos.

-No, no vine volando. No sé si estoy despierto… No sé qué hago acá.

-Nene…¿qué estás consumiendo? Convidá por lo menos.

-¿Con qué querés que te convide?

-Uy…es grave lo tuyo ¿eh?

-¿Te parece?

-¿Dónde vivís?

-¿Yo? En Minas de Corrales. ¿Y vos?

-En Magallanes y Charrúa. Voy al Zorrilla, pero hoy tenía escrito de física y me hice la rata. Más vale una falta que un deficiente.

-No conozco nada acá. No sé siquiera dónde vine a dar.

-Suponiendo que lo tuyo fuera cierto…o no…podemos pirar un rato y fantasear que sos un caído del catre y que yo estoy dispuesta a mostrarte el mundo actual. ¿Vale?

-Bueno. Decime, ¿que son esas luces rojas, verdes y amarillas, que hacen que paren todos los autos?

-Semáforos, bólido. ¿No vas al liceo?

-Si, claro, en Minas de Corrales. Estoy en primero.

-Mmm claro, entiendo, pero tu familia ¿dónde está?

-Allá, en Minas de Corrales.-

Dispuesta a seguirle el juego a Jorgito, la chica lo invitó con un cigarrillo, que Jorge aceptó para no parecer más despistado de lo que era en realidad. Sólo que cuando consiguieron encenderlo casi se muere del ataque de tos que le dio.

La chica le preguntó qué era el colgante triangular que tenía al cuello y que despedía un olor tan feo.

-¿Qué clase de merca es?

-¿Merca? Esto es un alcanfor…..para evitar la polio. Me lo gané en el circo del pueblo. Había que voltear cinco latas con una pelota de medias y te daban uno. Yo volteé como diez pero me dieron uno no más. ¿Vos no tenés?....

-¿Alcan qué?....¿polio qué?

-¿No sabés lo que es la poliomielitis? ¿Acá? ¿Donde está lleno de enfermos? Si en los noticieros y en los diarios salen las fotos de los pulmones de acero donde meten a los enfermos.

-No sé nada de eso, che, contestó Laurita (por fin le pusimos nombre).Sí, sé

-¿A dónde?

-Al Pilsen Rock…en Durazno.

-No sé qué es eso.

-¿Qué no sabés? ¿Lo que es Durazno, la Pilsen o el Rock and Roll?

-Sé lo que es Durazno. Lo aprendí en la escuela de mi pueblo, lo demás….no

-Estás salado ¿eh?

-¿Cómo?

-Nada es un dicho…..Pilsen es cerveza, y Rock….bueno,si no sabés lo que es el Rock, debés saber lo que es la cumbia, entonces.

-No, tampoco.

-Mejor - dijo Laurita. La cumbia pica los dientes…

-Yo me los lavo todos los días….

-Te estoy hablando de música, paparulo…

-¡Ah! de música sí sé. Toco el piano

-¿Y qué tocás?

-Bueno este año, en el examen toqué el Claro de luna, de Beethoven, el Herrero armonioso de Haendel y un vals de Chopin.

-Mirá…..ahora la asombrada soy yo.

-¿Tenés novia?

Jorgito quedó colorado como la luz del semáforo.

-No,-dijo-hay una gurisa que me gusta y me deja cartas en el banco del liceo, pero novios, novios, no.

Tirutirutiruti…..

-¿Qué es eso?

-¡Ah!, es mi celular…un mensaje de texto.

-¿Un qué?......

¡Pop!

Se despertó Jorgito…

-¡Uy!,¡qué sueño raro que tuve!

Cualquier coincidencia con la realidad no es casualidad…sino bien a propósito.

¿Quién hubiera podido decirme a mis trece años, en mi pueblito querido, que diez años después andaría manejando un auto en Montevideo….con una linda morocha a mi lado, tocando la guitarra en clubes, bailes y hasta en TV?

¿Qué Ángel de la guarda histérico me tocó, que me lanzó a otro mundo totalmente distinto? Y sin consultarme el hijo de la madre…

¿Será por eso que extraño tanto a las gallinas cruzando la calle?

¿Será por eso que daría cualquier cosa por sentarme a orillas del Cuñapirú a pescar mojarritas?

¡Como me gustaría volver a jugar un partido de fútbol en la canchita del puente! Cómo me gustaría volar por las calles en bajada del pueblo. Claro, pesaba cuarenta kilos, corría todo el día. Y cuando iba algún gurí de Montevideo, lo mirábamos como si fuera un extraterrestre.

Creo, amigos, que ni bien tenga tres días tranquilos me pelo a comer unas milanesas de verdad al restaurante Mafalda, donde van todos los empleados de las minas de oro, que han vuelto a explotarse.

Les recomiendo de corazón, que el que tenga la oportunidad de ir, lo haga. Les juro….que solo doblar a la derecha en Manuel Díaz y tomar la carretera que lleva a Minas de Corrales, cambia todo. El camino se mete entre los cerros y cambia hasta la fauna.

Bueno, dejo por aquí. La verdad que para Uds. debe tener muy poco sentido, pero no se hacen una idea de lo fuertes que son las emociones para mí.


Autor: Jorge


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