El Misterio de la Siesta

Llegada la hora de la siesta un silencio profundo se apoderaba de un pequeño barrio. Esto se debía a la creencia de que a esa hora, los niños no debían salir a la calle porque sino… las brujas que estaban acechando los podían llevar.

Los niños si bien hacían caso, se las ingeniaban para comunicarse de alguna manera…

Era un día cálido de primavera, Diego se encontraba aburrido y con gran curiosidad, es así que decidió burlar a la suerte y hablar con su amigo Tutti a través del muro de su casa que tenía un pequeño orificio.

- Hola Tutti ¿cómo estás?

- Bien aburrido ¿y vos?

- También, pero lo que más me tiene mal es el tema de las brujas y siempre estar pensando que pueden aparecer y llevarnos.

Los niños empezaron a sudar frío cuando recordaron la advertencia, la curiosidad por esa casa misteriosa los tenía asustados pero a la vez inquietos…

Es así que decidieron hablar con el resto de los amigos.

La idea era reunirse para poder ir todos juntos a esa casa y ver con sus propios ojos lo que sucedía en ese lugar…

Conocían la casa de lejos, pero nunca se acercaron por miedo, ya que los adultos les decían que ahí era dónde te llevaban las brujas si te agarraban.

- Hola Javi, avisale a Ceci – decía Diego- vamos a juntarnos para ir a esa casa; pero debemos escaparnos a la hora de la siesta, ya que es el momento de descubrir este misterio que nos tiene tan mal a todos.

Era una aventura peligrosa y de mucho suspenso pues no sabían con qué se podían encontrar…

Al día siguiente…

Entre notitas y notitas, combinaron reunirse en la esquina de la casa de Pablo, el mayor del grupo.

¿Pero cómo podrían escapar sin ser descubiertos?

Por otro lado pensaban y, ¿si era cierto que las brujas existían?

Pero se dieron ánimo entre todos y se dijeron a sí mismos: “Si estamos juntos no se acercarán” y por las dudas estarían prevenidos…

- ¡Nano! lleven todo lo que puedan: hondas, piedras, coquitos y los championes bien atados por si acaso tenemos que salir corriendo- organizaba Diego.

- Dale, yo le aviso a los demás- respondió Nano.

En cada casa se organizaban para escapar, pero no sería algo tan fácil…

En la casa de Pablo tenían que escaparse cuatro niños, sería una tarea difícil, no sólo por la cantidad, sino porque la niña más pequeña tenía una voz chillona y nunca paraba de hablar y si se ponía nerviosa…era peor.

Pablo que era el mayor daba las instrucciones, debían salir por un pasillo largo que daba al costado de la casa y saltar un muro alto para no ser vistos…

Paso primero Pablo, luego Nano, Agustín al que le decían Tutti y faltaba la más pequeña…

La ayudaban pero le transpiraban las manos y se resbalaba y no dejaba de hablar. En eso sale el perro de la vecina y comienza a ladrarles, la misión apenas comenzaba y ya estaba a punto de fracasar…

Pero Pablo que era muy precavido tenía un pedazo de pan en sus bolsillos, le tiró al perro y este se fue.

Después de tanto luchar lograron subir a Judi y se fueron al lugar del encuentro.

En otra casa…

Javito y Cecilia tenían un gran problema para salir, ya que la puerta de su casa hacía mucho ruido al abrirla y además estaba con llave. La única opción que tenían era salir por una vieja ventana que daba al fondo de su casa. Con mucho cuidado intentaban abrir la ventana pero qué sucede…., tiene un vidrio flojo que está a punto…de caeeeer…

Con los nervios el vidrio cae; pero Javito logra agarrarlo antes de que se estrelle contra el piso.

Respirando profundo y sintiendo alivio pudieron salir sin ser descubiertos.

Sin embargo no quisieron irse sin antes pasar a buscar a Diego y Santiago.

- ¿Qué pasará que demoran tanto? - preguntaba Ceci.

- Sí, es verdad, ya es la hora y ellos no dan muestras de salir- decía Javito.

La casa de sus amigos se encontraba en absoluto silencio.

Pero… en el interior de la casa los dos hermanos se estaban preparando muy bien para salir, ya tenían las hondas y bolsas llenas de coquitos y piedras.

Estaban en el galpón de su casa, y cuando estaban a punto de salir… sienten el llanto de su hermano pequeño que despierta a su madre. En el mismo momento suena algo sobre el techo del galpón…

La madre sale para ver qué produjo el ruido y no ve nada, sin darle mucha importancia vuelve a meterse en su casa; suspiraron Ceci y Javo que habían tirado un coquito para apurar a sus amigos.

Mientras tanto Diego y Santi esperan con muchos nervios que la mamá vuelva a hacer dormir a su hermanito.

Cuando ya no oyen ruidos sienten que es el momento de salir…

Debían hacerlo por una ventana que da a la calle.

Al querer salir se dan cuenta que algo sucede…

- Mirá quién está echada a los pies de la ventana- dice Santi

- No puede ser, ¡la Loli! ¿Qué vamos a hacer?- pregunta Diego.

La Loli era la perra más mala de la cuadra

¿Qué podrán hacer los hermanitos?

Mientras en el lugar del encuentro Pablo y sus hermanos estaban muy preocupados…

- ¿Qué pasará que demoran tanto?- pregunta Judi mientras se comía las uñas.

- ¿Será que los descubrieron?- pregunta Tutti con tono de preocupación.

En eso llega corriendo Rodrigo, otro de los amigos.

- ¡Hola Rodri!- saluda Pablo

- ¡Hola!- responde agitado Rodrigo.

- ¿No viste a los demás?- pregunta Nano

- No, no - contesta todavía agitado

- Respirá hondo y contanos

- Yo escapé fácil por el techo de mi casa, baje con una cuerda y pude salir sin ser visto. ¿Pero saben qué?- cuenta aún agitado…

- ¿Queeeeeé?- le dicen todos al unísono

- En la ventana de Diego y Santi vi a la Loli echada allí y ellos tenían pensado salir por ahí, ¿se acuerdan?- termina por fin Rodrigo.

Cómo podrán ayudarlos…

Nano era el indicado para esta misión, ya que la perra lo conocía y le hacía caso. Así que fue hasta la esquina y agachado caminó hasta que estuvo cerca de la perra y la llamó, la Loli le comenzó a ladrar y Nano salió corriendo y ella lo siguió.

Santi y Diego miraron para afuera y estaba la vecina de enfrente mirando por la ventana alertada por los ladridos. Toda la aventura estaba por fracasar…

-Estamos demorando demasiado- dijo Santi

-¡Sí, nos van a descubrir!, nunca vamos saber la verdad sobre este misterio- se lamentó Diego.

Pero al desaparecer la vecina de la ventana, los hermanitos salieron como bólido, se reunieron con Ceci y Javo que los esperaban agachados detrás del muro y salieron corriendo al lugar del encuentro.

¡Por fin todos reunidos!, era un grupo de nueve niños, de todas las edades y tamaños.

La primera parte de la misión estaba cumplida, ahora quedaba la parte más peligrosa, que consistía en ir a ese lugar misterioso y desconocido…

Todos se dieron coraje y marcharon al lugar…

Cuando llegaron a la esquina tan intrigante, tenían que cruzar un campito para llegar a la casa.

Estaban aterrorizados, sus caras lo decían todo, no era lo mismo pensar en ir, que hacerlo…

Judi no paraba de hablar y los demás estaban tan nerviosos que no podían ni caminar.

Empezaron a avanzar cuando de repente…oyeron un ruido y…

- ¡aaaaaaaaaaaaah!!- gritaron a una sola voz desde el más chico al más grande.

- Es un gato negro- dijo Pablo

Pablo que era el mayor intentó tranquilizarlos, diciéndoles que no debían asustarse, que las brujas no existen. Y hoy lo vamos a comprobar, aunque por dentro Pablo se sentía también con mucho miedo, aunque no lo demostraba.

Cuando llegaron a la casa, no había nadie, solo una olla vieja que hervía un agua oscura en un brasero.

La imaginación de los niños echó a volar y ya podían ver a las brujas haciendo hechizos en esa olla.

-¡Quiero irme de aquí!- decía Judi a punto de llorar.

Ceci estaba nerviosa pero no lo demostraba, y los varones se querían hacer los hombres valientes y seguir investigando.

El lugar parecía abandonado, era una casa vieja, con paredes rotas, una puerta vieja y una ventana desvencijada que crujía por el viento. De pronto…

Sintieron un ruido a sus espaldas que los dejó helados…

Pensaron “Estamos atrapados, son las brujas”…pero no; era el gato que parecía vivir allí, ya que saltó por la ventana y se echó al lado del brasero.

El alma les volvió al cuerpo…

-Peeeero ¿y quién prendió el brasero?- preguntó Rodrigo asustado.

-¿Será que las brujas están recorriendo el barrio en busca de niños?- dijo Javi

Pensaban en todo lo vivido hasta ahora y por dentro cada uno sentía ganas de salir corriendo y acostarse a dormir la siesta.

Pero, ya estaban allí y querían saber la verdad…

De repente se sintieron pasos… se escondieron detrás de un ropero grande y destartalado, -¿quién sería?- se preguntaban.

Estaban pálidos y temblorosos, las hondas y coquitos en ese momento no les servirían de nada ya que las manos solo les temblaban.

A Judi le tenían que tapar la boca para que no hable. Los demás estaban tiesos como piedras; tan asustados que lo único que querían era haberle hecho caso a sus padres.

Los pasos se sentían cada vez más cerca…

-Entró alguien a la casa – dijo Santi, que podía ver desde donde estaba.

- ¿Qué ves Santi?- le preguntaban.

- Es una bruuu bru jaaa y se sen tó junto al bracero, tiene cu cu chi llos fi fi lo sos y una es es coo baa – dijo tartamudeando de la impresión.

-¿Estás seguro que es una bru bru ja?- preguntó Diego.

- ¡Sí, sí, sí, ay maamá! ¡Quiero irme de aquí!- dijo Santi aterrorizado.

- Dejame ver a mí- dijo Diego.

Lo único que logra ver son los viejos zapatos de alguien que estaba allí…

- Solo veo los za pa tos y sí parecen de bru jaaaa- dijo Diego.

Nano le tapaba la boca a Judi su hermana pequeña y quedó helado escuchando lo que decían; Ceci con los ojos como platos igual que su primo Javi. Rodrigo duro como una piedra, Tutti apoyado contra la pared como queriendo salir a través de ella. Santi a punto a llorar y Diego su hermano sorprendido y muy asustado.

El único que reaccionó fue Pablo el mayor y le dijo a Diego que lo dejara mirar a él. Cuando mira solo ve un pequeño cuchillo sobre una mesa sucia y vieja que se encontraba junto al bracero y una escoba de paja contra la pared.

No ve a nadie… cuando de repente… se escucha una voz ronca…

- ¿Quién anda ahí?...

En ese momento todos fueron uno, porque se abrazaron muy fuerte y pensaron llegó nuestro fin.

Cuando Pablo vuelve a mirar se dio cuenta que no era una bruja, sino un anciano feo y barbudo, con ropas muy sucias…que estaba a punto de descubrirlos…

En ese momento estaban tan asustados que no pensaban más que en huir de allí; sin pensar que lo peor de todo hubiese sido encontrarse con una bruja.

Santiago estaba tan nervioso por haber creído ver una bruja que seguía diciendo - es una bruja ¿verdad?

Pablo los tranquilizó a todos diciéndoles- es un viejo de pelo largo que Santi confundió con una bruja, los cuchillos filosos son pequeños cuchillos y la escoba es una común y corriente que está apoyada en la pared.

- Ahora prepárense para salir- los despabiló Pablo – tenemos que atacar tirándole con la gomera y a la vez salir corriendo lo más rápido posible- planificó Pablo.

- Yo los cubro- dijo Pablo.

- Yo te ayudo- reaccionó Nano.

- A la cuenta de tres salimos, ¿están todos listos?- preguntó Pablo.

En una escena que parecía de cámara lenta, Nano dejó de taparle a la boca a Judi que por el susto ya no hablaba. Tutti logró salir del shock al igual que los demás. Ceci sacudía a su primo Javi y a Rodrigo – no es una bruja- les decía.

Santi se agarró de su hermano como si fuera una garrapata.

Nano ayudó a los más chicos que debían reaccionar para salir lo más rápido posible.

Pablo y Nano los cubrirían tirándole coquitos con la gomera al viejo.

Al escuchar el uno, dos, tres, gritaron todos a la vez, eso les dio energía y corrieron como nunca antes lo habían hecho.

Cuando ya estaban a salvo, se dieron cuenta que faltaba alguien… era Judi que había quedada atrapada entre los pastos. Sin pensarlo, Pablo regresó a buscarla, mientras el viejo achacoso los perseguía gritándoles- ladronzuelos, diablos, monstruos, ya se las van a ver conmigo.

El hermano mayor logró rescatar a Judi y todos siguieron corriendo sin parar ni siquiera para respirar.

Nunca habían pensado que dos cuadras fuesen tan largas. Respiraron aliviados de sentirse a salvo.

Fue una experiencia aterradora, pero a la vez sintieron que crecieron, aprendieron que hay cosas que solo existen en la imaginación y que los mayores a veces se aprovechan de eso a su favor.

Desde ese día nunca más la cuadra estuvo en silencio a la hora de la siesta.

Los padres no estarán muy contentos, pero este grupo de amigos solo sabe que sin darles explicaciones a sus padres pudieron salir a jugar y que nunca más se escuchó el dicho “A la hora de la siesta no se debe salir pues andan las brujas acechando”.

Gracias a este grupo de niños valientes, los que ahora son bebés podrán disfrutar de sus juegos a la hora que quieran sin pensar en brujas y cosas feas.

Pero… no está mal asustarse un poquito de vez en cuando ¿Verdad?

El misterio de la siesta se rompió y colorín colorado este cuento se ha acabado…


Autora: Chilvi




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