Margarita

A pesar de sus 54 años, Margarita seguía soltera, Siempre dijo que no se casaría para poder cuidar de su madre. En su juventud había sido una mujer hermosa, con una piel blanca como la porcelana, de largos cabellos renegridos. Ahora, solo conservaba la blancura de su piel, pero estaba canosa y había engordado mucho.

No tenia hermanos, por eso para ella era muy importante poder cuidar a su madre.

A Leticia una vecina de diez años, le encantaba ir a jugar a la casa de Margarita. Era un caserón antiguo lleno de habitaciones, que daban a un gran patio interior, lleno de helechos y plantas con flores. Un enorme jazminero en el centro del patio perfumaba todo el jardín. En las tardes de verano la niña pasaba horas jugando con otros niños del vecindario en ese hermoso lugar.

La casa parecía encantada, se les permitía entrar a todos lados, menos a la habitación de la abuela. Ésta, según Margarita era muy viejita y no soportaba que los niños la estuvieran molestando.

Todas las tardes Margarita iba a esta habitación llevando un libro y permanecía allí hasta que oscurecía.

A los niños les intrigaba mucho esa habitación, pero nadie se animaba a entrar. Hasta que un día Leticia esperó pacientemente a que Margarita saliera de ella y sin que lo notara entró sigilosamente.

La habitación de la anciana era enorme, tenía unas cortinas gruesas que colgaban pesadamente, bloqueando la entrada de la luz que provenía del patio, por lo que era casi imposible ver lo que había en ella.

Percibió un extraño olor dulzón como si fuera una mezcla de flores y algo que no podía identificar.

La niña muy despacio se acerco a lo que parecía una lámpara y la encendió. Vio que en la cama había alguien acostado, muy despacio se acerco para ver de quien se trataba.

Quedo petrificada con lo que vio, era la mamá de Margarita.

Su cuerpo momificado estaba rodeado de flores.

Sobre la mesita de noche estaba el libro que Margarita le leía antes de dormir.


Autor: Beatriz de los Santos




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