Relato

Era un dia sospechosamente cálido. Recién amanecía y yo esperaba, como siempre a esa hora, el ómnibus que me llevara hasta el trabajo.

En la vereda de enfrente, una señora lavaba la vereda con una manguera generosamente larga.

A lo lejos lo ví venir…

Mal entrazado, de barba y pelo desordenado, ropa ausente de modas y de lavados. El paso corto y apresurado como para llegar a ningún lado. En una mano traía unas estampitas y en la otra un vaso vacío, de plástico.

Se me acercó y con voz educada aunque ansiosa, me ofreció su mercadería a cambio de un cigarro. Le ofrecí dos y no reclamé mi estampita. Y así lo hizo con todos los que estábamos en esa parada, sin molestar ni invadir. Sólo ofreciendo un trueque que a él le parecía justo.

Cuando vió a la señora que lavaba la vereda, cruzó la calle extendiendo su mano con el vaso vacío en busca de un poco de agua.

La señora lo vió aproximarse y cerró el pase de agua, recogió la manguera y se introdujo en el edificio, dejándolo allí parado sin siquiera escucharlo.

Y como si eso le hubiera pasado muchas veces, retomó sin reclamo, su paso corto lleno de abstinencias, rumbo a no se sabe donde.

Lo miré irse, perderse a lo lejos…

En una mano estampitas y en la otra, un vaso que aún seguía vacío.


Autor: Franz



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